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Cine: Gritos en el pasillo


Por mucho que a algunos les duela, en España se sabe hacer cine de terror. Musarañas, Los Otros, La comunidad, Rec, son algunos ejemplos de cine terrorífico que ha funcionado tanto con crítica como con público en los últimos 20 años. Son películas de las que nos olvidamos con muchísima facilidad, y que a pesar de ser muy buenas (algunas de ellas excelentes) se nos olvidan al realizar nuestros tops anuales. Una de estas grandes olvidadas, quizá por bizarra, quizá por genial, quizá porque está protagonizada por cacahuetes es Gritos en el Pasillo.

Se comienza a ver Gritos en el Pasillo medio en broma. Porque, ¿cómo va a ser buena una película en la que unos cacahuetes pintados con acrílico viven en un manicomio?. Pero ocurre una cosa extraña con la gran mayoría de la gente que la ve. Sin darte cuenta ha llegado la mitad del film y no puedes despegar los ojos de la pantalla. La historia es extraña, los personajes rocambolescos, el guión es fluido y divertido, y las analogías con el mundo real divertidas y dolorosas. El protagonista es un artista al que le encargan pintar los pasillos de un hospital psiquiátrico para animar a los pacientes. pero algo malvado se esconde en los rincones del centro.

Una espiral de locura y desconcierto dominan la película, y para cuando llegamos al clímax, los personajes (recordemos, cacahuetes) ya nos caen bien, tememos por sus vidas, nos preocupamos por ellos. Es el gran mérito de la película de Juanjo Ramírez. Consigue que la próxima vez que salgamos a tomar una caña y nos den frutos secos, miremos con otra cara a los cacahuetes.

 

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Andrés R. Paredes

andresroparedes@gmail.com

Redactor